Editorial publicado en la página de la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivos.
www.escuelacirculo.edu.ar Fútbol Espectáculo
El fútbol es la única expresión artística que desata sentimientos incomprensibles, pasiones inexplicables y la identificación social con el otro. A sus intérpretes les permite en cuestión de segundos, dejar de arder en el infierno y ascender a los cielos.
Un deporte que tuvo sus orígenes en la elite rica de la sociedad argentina de comienzos del siglo veinte, y fue transformándose en expresión popular en los agitados años veinte. Hoy para algunos, es una razón de vida -llevada al extremo, en algunos casos-, el medio para soportar los designios de un destino siempre incierto y el refugio donde los sueños vuelven a renacer. El fútbol es parte de la cotidianeidad y del día a día de muchas personas, más allá del estatus social que se extiende no sólo en la Argentina, sino en todo el mundo; resultado de una masificación progresiva a una velocidad incalculable.
Un espectáculo que toma vida, en el colorido de las hinchadas y los cánticos que acompañan a veintidós gladiadores, y que sólo se disfruta, en el mismo corto tiempo, que a veces se pierde en el tráfico de un viernes a las siete de la tarde. Este deporte, que en sus comienzos proponía muy pocas variantes, tuvo la suerte de ser modificado por soñadores que ingeniaron jugadas y gambetas, salidas del potrero y de la inquietud y ansias de ser diferente, frente a un mundo que globalizó un arte.
Grandes exponentes de esta manera única de jugarlo nacieron en suelo argentino, podemos citar excepcionales ejemplos como Distéfano, Labruna, Boyé y el mejor de todos ellos, irrepetible y único como Diego Maradona.
Hacer referencia a su presunta asociación con sectores de poder y su manipulación cuando los intereses de unos pocos están en juego, es el lema de aquellos que intentan minimizar un fenómeno social que no tiene comparación. Esta pasión además se nutre de una comunidad responsable que impulsa tan disímiles causas de interés social como la búsqueda de niños desaparecidos hasta pedir por la donación de órganos. Y por la simple razón de que convoca al obrero y al profesional, al niño y al adulto, sin distinción de sexo, color o religión, el fútbol es el único espectáculo que debe respetarse y protegerlo, para el desenvolvimiento y convivencia de una sociedad necesitada de integración de todos sus componentes.
Carlos M Blanco.
El fútbol es la única expresión artística que desata sentimientos incomprensibles, pasiones inexplicables y la identificación social con el otro. A sus intérpretes les permite en cuestión de segundos, dejar de arder en el infierno y ascender a los cielos.
Un deporte que tuvo sus orígenes en la elite rica de la sociedad argentina de comienzos del siglo veinte, y fue transformándose en expresión popular en los agitados años veinte. Hoy para algunos, es una razón de vida -llevada al extremo, en algunos casos-, el medio para soportar los designios de un destino siempre incierto y el refugio donde los sueños vuelven a renacer. El fútbol es parte de la cotidianeidad y del día a día de muchas personas, más allá del estatus social que se extiende no sólo en la Argentina, sino en todo el mundo; resultado de una masificación progresiva a una velocidad incalculable.
Un espectáculo que toma vida, en el colorido de las hinchadas y los cánticos que acompañan a veintidós gladiadores, y que sólo se disfruta, en el mismo corto tiempo, que a veces se pierde en el tráfico de un viernes a las siete de la tarde. Este deporte, que en sus comienzos proponía muy pocas variantes, tuvo la suerte de ser modificado por soñadores que ingeniaron jugadas y gambetas, salidas del potrero y de la inquietud y ansias de ser diferente, frente a un mundo que globalizó un arte.
Grandes exponentes de esta manera única de jugarlo nacieron en suelo argentino, podemos citar excepcionales ejemplos como Distéfano, Labruna, Boyé y el mejor de todos ellos, irrepetible y único como Diego Maradona.
Hacer referencia a su presunta asociación con sectores de poder y su manipulación cuando los intereses de unos pocos están en juego, es el lema de aquellos que intentan minimizar un fenómeno social que no tiene comparación. Esta pasión además se nutre de una comunidad responsable que impulsa tan disímiles causas de interés social como la búsqueda de niños desaparecidos hasta pedir por la donación de órganos. Y por la simple razón de que convoca al obrero y al profesional, al niño y al adulto, sin distinción de sexo, color o religión, el fútbol es el único espectáculo que debe respetarse y protegerlo, para el desenvolvimiento y convivencia de una sociedad necesitada de integración de todos sus componentes.
Carlos M Blanco.
